El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, protagonizado por Bad Bunny el pasado 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, trascendió los límites musicales al incluir una boda real y legal en pleno escenario, confirmada por medios internacionales y fuentes oficiales ligadas al evento.
Aproximadamente cinco minutos después de iniciada la actuación, mientras el artista entonaba parte de su repertorio en el Apple Music Super Bowl Halftime Show, una pareja vestida de blanco subió al escenario y fue casada formalmente en presencia de los artistas, bailarines y el público presente, así como frente a millones de televidentes en todo el mundo.
Según la cobertura internacional, la pareja —más tarde identificada como Eleisa "Elli" Aparicio y Thomas "Tommy" Wolter— invitó inicialmente a Bad Bunny a su boda, pero el cantante respondió de una manera inesperada: los invitó a casarse allí mismo, durante su performance en el Super Bowl, convirtiendo el momento en un símbolo de amor, inclusión y cultura.
El equipo de Bad Bunny confirmó además que el enlace fue legal y válido, con el artista actuando como testigo de la ceremonia y firmando el certificado de matrimonio. La celebración también incluyó elementos tradicionales, como un pastel de bodas y un primer baile, destacándose como uno de los momentos emocionales más comentados de la noche.
Este segmento especial se realizó mientras Lady Gaga interpretaba una versión salsa de “Die With a Smile”, acompañada de músicos y bailarines, y se enmarcó dentro de una puesta en escena que celebró la cultura puertorriqueña y latina, con apariciones de figuras como Ricky Martin y otros invitados destacados.
La boda, que se volvió viral en pocos minutos, generó una ola de reacciones en redes sociales, medios de comunicación y en la audiencia global, consolidando la presentación de Bad Bunny como una de las más singulares y memorables en la historia de los espectáculos de medio tiempo del Super Bowl.
Este acto no solo combinó música y espectáculo, sino también un evento profundamente humano que quedará registrado como uno de los momentos más emblemáticos del Super Bowl LX, reforzando el impacto cultural del artista a nivel mundial.